lunes, 3 de agosto de 2009

OTRO KUNETO

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MI CONDENA
Como ultima alternativa me prosterno ante tus pies, susurrando en tus sordos oídos cubiertos de yeso que laves mi conciencia y perdones mis errores, pero tus oídos no me escuchan, solo absorben el vapor que mi boca expulsa al abrirse.
La sociedad me desprecia, ya ni familia tengo, mis amigos perdidos en el vagón del tren del viaje de ida quedaron, estoy solo, solo con mi condena, mirando oxidados candados y gruesas rejas que me recluyen.
Finas sabanas me acunan en las largas insensibles noches, el invierno golpea fuertemente su fría exhalación sobre mi espalda, y el verano hacia arder su fuego sobre mi. No pude ver los árboles florecer ni sus hojas caer. Me tengo que conformar con ver mi ocaso que es el cielo raso.
Compañeros de jaula al intentar huir consiguieron morir, las plumas de mis alas se caen al intentar aletear, ya ni fuerzas para seguir me quedan. Estoy solo con mi soledad.
Dios ayúdame, escúchame solo por esta vez.
Los golpes del guardia me hacen desmayar, ya no recuerdo quien soy. Dios ayúdame solo por esta vez prometo cambiaré ¡el fuego me esta engullendo! Mi piel se despega como vieja pintura, el humo dificulta mi respiración.
Por intentar huir solo conseguí morir…
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pequeño kuento

no tengo ganas de decir boludeces...asi que les dejo un kuento para que lean
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EN PRIMERA PERSONA

Desde muy chico me deje seducir por el fantástico mundo de la lectura, leía con mucho entusiasmo y atención cada libro que pasaba por mis manos, me compenetraba con cada personaje de cada relato, pero nunca imagine que me convertiría en el protagonista de uno de estos…
Todo comenzó el verano pasado, estaba en la feria de libros usados comprando distintos ejemplares para leer durante mi veraneo, he adquirido varios, pero uno de ellos me llamo mucho la atención, la blancura de sus hojas aparentemente había desaparecido hace tiempo y varias de las mismas estaban sueltas y un tanto ajadas, lamentablemente no tenia tapa, por lo tanto no pude saber como se llamaba ni a quien pertenecía esta obra, pero igualmente y sin dudarlo lo compre.
De regreso a casa, en el metro, lo empecé a hojear y casi sin darme cuenta ya lo estaba leyendo, era una historia bastante simple pero no por eso poco interesante, trataba sobre un joven que estaba desesperado por que su país estaba en guerra y por la falta de soldados comenzaron a enviar a todos los jóvenes mayores de dieciocho años a pelear por su pueblo, y en la semana entrante el ya estaría viajando rumbo al combate.
De repente una luz refulgente se aparece frente a mi dejándome cegado unos instantes, al abrir los ojos me encuentro con una granada a punto de estallar en la palma de mi mano, enseguida y sin vacilar la arroje, pero ¿Por qué estoy aquí?¿como sucedió?.
Corrí rápidamente hasta un campamento, al entrar me encuentro con un niño asustado que le había pasado lo mismo que a mi, pero el sabia como salir de el cuento, teniamos que ir hasta “Hailym”,un pequeño pueblo que estaba bastante retirado de el lugar y encontrar el libro.
La noche de apoco estaba cayendo, entonces decidimos esperar a que el crepúsculo se haga presente para ir en busca de el libro.
El mar empezaba a expulsar los primeros rallos de sol y antes de que despierten los soldados emprendimos viaje. Llegar hasta la ruta no fue nada fácil, tuvimos que avanzar sigilosamente ocultándonos de las tropas.
Al llegar a la ruta nos quedamos al costado de la misma durante unas horas haciendo dedo hasta que un camionero nos hizo el favor de acercarnos hasta Hailym, el pueblo en donde teníamos que encontrar el libro.
El viaje fue agotador, cinco horas de viaje. Al llegar, el niño, como por arte de magia se lo iba tragando la tierra, no tenia idea como hizo eso pero lo que si se es que en ese momento mis piernas temblaron como nunca antes lo habían hecho.
Sin otra alternativa tuve que seguir solo. Recorrí varias librerías, pero al no saber el nombre de esa obra ni a quien pertenecía se me dificulto encontrarlo.
Ya eran casi las siete de la tarde, recorría las calles tratando de encontrar ese libro, ya sin ganas de seguir entro en una tienda de antigüedades para preguntar al dueño si me permitiría pasar la noche en su tienda, al entrar un hombre de unos ochenta años de edad con una pipa entre sus labios me mira fijamente y con una vos ronca me dice: “te estaba esperando”, pone su brazo en mi hombro y me lleva hasta un pequeño deposito y me presenta tres puertas, cada una tenia un cartel, la primera decía “evadirse”, la segunda “dilema” y la tercera “continuar”,luego de pensarlo un largo rato doy un paso hasta la segunda puerta, al abrirla me encuentro nuevamente en el asiento de el metro con el libro entre mis manos.
Jamás sabré si fue verdad o solo un fantástico sueño…